Ese desperar con los pelos erizados y un sudor frío en tu nunca es la revelación de que un sueño fue una gran aventura, aquella aventura en la que es perturbado tu subconciente, no lo volverás a ver jamás.
Eres tan efímero como la vida de una pestaña en mis dedos.
La trayectoria de una lágrima o la brisa de una exhalación.
Mueres en el instante en que tu poseedor abre los ojos y trata de recordarte.
Pretendes pasar inadvertida en mi almohada.
Te levantas y emprendes el rumbo hacia el norte, como una golondrina con el cambio de estación.
Haces todo esto en el momento en que vuelvo a mi mente y a mi cuerpo,
y te vas.
Pretendo recordarte y no hay caso, recuerdo partes de nuestra aventura por parajes insospechados, pero nada más.
Fue un agrado haber soñado contigo, y haberme invitado a esa aventura que me erizó los pelos a la llegada de mi hogar, como todos los viajes.
Desafortunadamente los sueños no se cumplen, pero si se cumplen nuestros ideales.
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