Rodeado de grandes árboles y muros inalcanzables desperte sobre un pajar que fue una grata compañía en la gélida noche, la brisa fria proveniente del éste produjo una refrescante sensación de gozo y regocijo.
Viendo las aves pasar sobre mi, recuerdos vienen a mi memoria del ayer, en mi hogar, dulce hogar, dulce y calido hogar, que están a una gran distacia, una gran distancia y tiempo, un gran tiempo.
El deber es ser como estos árboles que me rodean, ser incólume frente al paso del tiempo y de los vientos que lo azotan, que me harán oscilar pero nunca caer, y si caigo, debo apoyarme en aquellos muros que rodean al bosque en el que estoy.
Tras un grato amanecer, busco la salida de este letárgico laberinto de ceibos que aceptó mi asentamiento pasajero, como un pasajero en el sueño que pudo detener el tiempo.
Eltiempo se escapa y se diluye como un suspiro en la brisa marina matinal.
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